Vive mejor sin apego

“Algunos creen que el aferrarnos es lo que nos hace fuertes. Pero a veces la clave está en soltar”

Sylvia Robinson

Voy a hacer una confesión acerca de algo que, cuando lo digo en voz alta, provoca reacciones de sorpresa en la gente: no me gustan los automóviles. Cuando digo que no me gustan, quiero decir que no siento la fuerte atracción que tantos sienten por ellos. No es que los vea y me disgusten, sino que simplemente no los veo como algo que quisiera tener. Y es que hace algunos años tomé la decisión de disfrutar del diseño, los colores, el agradable espacio interior de los autos que veía, pero renuncié al deseo de poseerlos. Decidí simplemente gozar del hecho que existen, que circulan por la ciudad, compartir el gusto que los demás tienen por ellos y apreciar la comodidad y el servicio que brindan.hand-749676_1280

De la misma manera, más adelante, decidí renunciar a otras cosas, me propuse apreciarlas sin querer tenerlas para mí. Descubrí algo que, a nivel personal me parece importante: que puedo disfrutar de las cosas, las personas, las experiencias y los sentimientos sin tratar de retenerlos.

Así, puedo ver una pintura en una galería, algún objeto decorativo, algunas prendas de vestir, muebles finos, y disfrutar de su existencia sin que surja mi deseo de comprarlas. Quiero aclarar que esto no siempre fue así. Hubo un tiempo, años atrás, en que sí me sentí invadido por la ansiedad por comprar y tener. A veces, debemos ajustarnos de manera creativa a las circunstancias de la vida, y eso fue lo que hice durante un tiempo de dificultad económica: dejé de comprar aquello que no necesitaba. Fue entonces que me di cuenta, para ponerlo de manera poética, de que para disfrutar del mar o de la montaña, no tengo que ser dueño de ellos. Esto, por supuesto, contrasta con lo que la cultura comercial nos ha hecho creer, que para disfrutar de algo, tiene que ser tuyo.

Por desgracia, aplicamos esta misma creencia a las personas con quienes convivimos. Pensamos que podemos hacerlas nuestras, que nos pertenecen, cuando en realidad bien sabemos que estarán con nosotros sólo durante un tiempo limitado. Quizás deberíamos maravillarnos con quienes nos relacionamos, entregarnos por entero a la relación, ya sea de amistad o de amor, para después dejarlas ir. Cuando verdaderamente nos “sumergimos” en cada experiencia es más fácil soltarla, llegado el momento de hacerlo. Es entonces que nos retiramos sólo con el recuerdo de lo vivido, y esto debería ser suficiente.

“Aprende a dejar ir todo lo que temes perder”

Yoda

Si nos quedamos anclados a lo que acabamos de vivir nos perdemos de lo que la vida tiene para ofrecernos a continuación. Podemos disfrutar de una película, un libro, un concierto, un momento inolvidable con amigos o con la persona amada, y hacer lugar para las siguientes experiencias con que nos encontremos. Cuando apreciamos una escena que nos embelesa, como un atardecer, la caída del agua en una fuente, una pareja que camina de la mano, basta con experimentarlo, no es necesario pensar acerca de lo que sentimos, ni relacionarlo con otras vivencias. Si nos perdemos en la fantasía y el pensamiento, con facilidad nos perdemos del momento presente.

Nuestro apego también se manifiesta cuando nos aferramos a una emoción o sensación agradable. Una vez que la hemos experimentado en toda su intensidad, lo natural es que se diluya y desaparezca. Sin embargo, nos resistimos a dejarla ir; quizás imaginamos que si la soltamos nunca más la volveremos a sentir. Incluso, en un intento por recuperarla, cuando ya se ha ido, repetimos situaciones que, aparentemente, nos llevan a sentir igual a como lo hemos hecho antes, sólo para decepcionarnos con el resultado. Cada momento es único e irrepetible. “Haz algo bueno y después tíralo al mar”, reza un dicho árabe.

woman-591576_1280Desgraciadamente, a veces también nos aferramos a sentimientos negativos como la ira, el resentimiento, el sufrimiento. Nos asimos al dolor porque nos da miedo quedarnos con las manos vacías si lo soltamos. Pero esto es como mantener todo el tiempo el puño cerrado porque no queremos dejar ir lo que tenemos en la mano. Hacerlo nos impide agarrar algo más, quizás algo nuevo y mejor.

“Un pájaro herido no puede volar, pero un pájaro que se aferra a una rama de árbol, tampoco”

Anthony de Mello

El apego a las cosas provoca el consumo y el deseo voraz de poseer. Un ejercicio interesante para hacer con respecto al desapego consiste en recordar esas vivencias registradas antes de ir a dormir, apreciarlas una vez más y agradecer que se hayan presentado en nuestra vida, para después dejarlas ir y hacer espacio a lo que está por venir. Apegarnos a lo ya vivido es como querer agarrar las olas del mar. ¿Quién quiere agarrar las olas del mar? Sólo hay que gozar de ellas.♦

Como siempre, te invito a compartir tus pensamientos, historias y preguntas en la sección de comentarios aquí abajo. Utiliza la opción para compartir en Facebook y otras redes sociales en la parte superior de la página. El cambio social es posible a través del cambio individual –comparte este post con personas a quien les pueda interesar o ser de utilidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s