Vive mejor con menos

“El valor que damos al dinero, al estatus y a la competencia envenena nuestras relaciones personales. La vida feliz será imposible mientras no simplifiquemos nuestros hábitos y no moderemos nuestros deseos”

Epicteto

¿A quién no le gustaría hacer su vida más sencilla, sin tantas complicaciones? Este es un tema en el que he reflexionado por algún tiempo y que he platicado con amigos en torno a una taza de café. Muchos nos quejamos de las fuertes presiones en el trabajo, de los pendientes interminables, de que hay que pagar las tarjetas de crédito y de que las cuentas se acumulan.man-76196_1280

Hay algunos que han decidido tomar un camino alternativo y han resuelto que pueden vivir mejor con menos. Son personas que han optado por simplificar sus vidas. Han favorecido una existencia más relajada en lugar de trabajar en exceso; han elegido disfrutar más del placer de vivir y alejarse de las excesivas demandas laborales; han preferido dejar su preocupación por el dinero, su tendencia al consumo y el estrés característico de la vida actual, que con frecuencia traen como resultado problemas de salud. Estas personas le dan menos valor al dinero y a las cosas materiales y se enfocan más en lo que el dinero no puede comprar, como tiempo libre para dedicar a sus pasatiempos, su salud y su paz mental.

¿Atractivo? Por supuesto. ¿Fácil? No tanto, pero no imposible. Simplificar nuestras vidas significa saber decir no a cosas como el consumismo, el afán sin control por acumular, la presión social, las tradiciones, una forma de vida automática. Y esto requiere de cierto esfuerzo. ¿Al final vale la pena? Creo que sí.

Y es que se nos va la vida comprando al punto en que con mayor frecuencia pasamos el tiempo libre y los días festivos en el centro comercial. ¿Qué hay de los días de campo, de los paseos en el parque, de las reuniones con los amigos, de la convivencia con los vecinos y la vida en nuestro barrio? Lo importante es tener. Medimos la felicidad por las cosas que tenemos. Pensamos que más es mejor, y no siempre es así. Es bien sabido que muchas personas que han logrado tener gran fama y fortuna expresan su deseo de recuperar esa vida simple que dejaron atrás.

Si queremos tener vidas más satisfactorias, quizás deberíamos desear menos en lugar de hacer un esfuerzo constante por obtener más.

Es necesario descubrir qué es suficiente y optar por ello en lugar de excedernos. Lao Tsé afirmaba que “aquel que sabe lo que es suficiente, es rico”. Aunque la sociedad valora lo grande, lo radical, lo aparatoso, lo extremo, pero también está bien querer menos, vivir con moderación. Está bien vivir sin demasiadas pretensiones, sin símbolos de estatus, ni tener que competir ni quedar bien con los demás.

Es evidente que la presión social incide en nuestro deseo de tener más: “¿No has ido a Europa? Te has perdido las vacaciones de tu vida”. “Debes tener un auto más lujoso, tienes un muy sencillo para tu puesto de trabajo”. “No puedes dejar de leer la trilogía de esta autora, es lectura obligada”.

No quiero decir que hacer estas actividades esté mal, sino que no está bien hacerlas por obtener aprobación social. No tienes que vivir como lo hacen otros. Si no necesitas un auto último modelo, un librero o veinte pares de zapatos, no tienes por qué tenerlos. ¿Quién dice que tus paredes deben estar llenas de cuadros y tus repisas repletas de decoraciones y libros?

Hacemos tantas cosas sólo por tradición y automáticamente, como en el caso de los compromisos sociales y la imagen que queremos mantener ante los demás. Entonces, compramos el teléfono inteligente más novedoso, nos llenamos de cosas que en realidad no tienen utilidad en nuestras vidas, tenemos varias tarjetas de crédito, aun cuando tengamos que pagar una gran cantidad por su manejo. Todo esto por dar una “buena impresión” a los demás.

Creo que es momento de reconsiderar nuestras verdaderas necesidades y de cuestionarnos la forma en que siempre hemos hecho las cosas. Hay grupos de personas alrededor del mundo que ya lo están haciendo: los seguidores del movimiento denominado “downshifting” (desacelerar/simplificar), los que siguen un estilo de vida minimalista, los anticonsumistas. Ellos piensan que “más es menos” y rescatan algunas de las formas de vivir de nuestros abuelos, viven vidas menos aceleradas y más sencillas. Ponen un gran énfasis en ser ellos mismos, independientemente de sus logros, las marcas que compren y del número de artículos que posean.dinero

Me parece que necesitamos bajar el ritmo acelerado de nuestras vidas, estar satisfechos con lo que tenemos.

No siempre es bueno tener más dinero, más fama, más de cualquier cosa. Llega un momento en que trabajar sólo para pagar las cuentas deja de ser divertido.

He aquí algunas ideas que pueden contribuir a desacelerar nuestras vidas:

  • Antes de comprar algo, pregúntate si en verdad lo necesitas. Renuncia a los gastos superfluos. Consume de manera responsable, tu consumo tiene un efecto a nivel ecológico importante. Toma del mundo sólo lo que necesitas.
  • Aléjate de esta idea: “Tanto tienes, tanto vales”. Concéntrate en “ser” en lugar de “tener”. Recuerda que, como afirmaba Erich Fromm, puedes tenerlo todo pero carecer de ti mismo.
  • Privilegia la lentitud, la amistad, la tertulia, la calma, la comida, la gran calidad de lo sencillo. Disfruta de las experiencias más que de los objetos.
  • Al tomar decisiones importantes como la de cambiar de empleo o continuar en el mismo, siempre ten en mente la opción de una mejor calidad de vida.
  • Mantén tus finanzas sanas, evita las deudas. Tus ahorros, por pequeños que sean, te pueden ayudar cuando decidas dejar un trabajo que no te satisface por una alternativa más placentera.
  • Pregúntate si esas que consideras tus necesidades en realidad son tuyas y no te han sido impuestas por los sistemas de mercadotecnia o tu deseo de mantener cierta imagen ante los demás. Vicki Robin, autora de “Su dinero o su vida” recomienda poner atención al grado de satisfacción que nos producen las cosas y así distinguir una ilusión pasajera de la verdadera satisfacción.
  • Haz intercambio de servicios de acuerdo con tus habilidades. Por ejemplo, conozco a un pintor que intercambia sus cuadros por servicios que obtiene como orientación legal, apoyo psicológico u objetos que necesita.
  • Recuerda que entre más dinero gastes, más tiempo tendrás que dedicar a producirlo, y menos tiempo tendrás para disfrutarlo. Recuerdo un profesor que solía decir: “Cuando era estudiante tenía mucho tiempo para leer, pero no tenía dinero para comprar libros, ahora tengo dinero para comprar libros, pero no encuentro el tiempo para leerlos”.
  • Date cuenta de que hay muchas formas de vivir, no sólo la que sigue la mayoría de las personas. Si no me crees, lee acerca de la alemana Heidemarie Schwermer, quien vive sin dinero pero sin renunciar al bienestar de una sociedad como la alemana.
  • Toma en cuenta que mantener cierto estilo de vida implica pagar un alto precio en tu bienestar emocional y equilibrio psicológico. Tu paz mental es invaluable.♦

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