Confía, fluye y permite que las cosas sucedan

“No empujes el río, porque el río fluye solo”

Proverbio chino

Es probable que no hayas escuchado acerca de la “ley del efecto contrario”, pero estoy seguro de que lo has experimentado en tu vida cotidiana. Cuando inicias una dieta, son precisamente los alimentos prohibidos los que se te antojan. Cuando, en año nuevo, haces tus propósitos para el año que comienza, como dejar de fumar, sólo puedes pensar en el cigarro. Hay parejas que tienen dificultad para concebir y que incluso se someten a tratamientos; cuando dejan de hacer el esfuerzo, la mujer queda embarazada. Imagino que ya tienes una idea de lo que se trata este interesante fenómeno, planteado por el hipnotista francés Emile Coué, pero que también se le menciona en algunas de las tradiciones religiosas de oriente como el taoísmo y el budismo.

the-three-gorges-788314_1280La “ley del efecto contrario” dice: “si te esfuerzas demasiado, no te resultará; no te esfuerces y sucederá”. Es como cuando alguien te da la instrucción de no pensar en algo particular, por ejemplo, un elefante rosa. Sin duda traerás a tu mente la imagen del elefante rosa.

Pensamos que cuanto más nos esforcemos, mejor será al resultado, Y es así, pero sólo en el ámbito de lo material y el plano del esfuerzo físico. A mayor esfuerzo, por ejemplo, cuando tratas de empujar un auto, mayor beneficio. Lo mismo se puede decir sobre cavar un hoyo. En cambio, en lo tocante al pensamiento, las cosas son muy diferentes. Cuando pones presión para que suceda algo, lo más probable es que una parte inconsciente de tu mente se oponga. Es como cuando te dices: “relájate” o “deja de pensar”. Las personas que meditan lo saben muy bien:

hay que evitar luchar con las ideas o las sensaciones que surgen durante la meditación, más vale dejar que las cosas simplemente sucedan, dejarlas ser.

La persuasión, una actitud amable y relajada, es garantía de que obtendrás lo que te propones. Esta es la actitud de no-lucha. Es actuar de manera no-violenta. Se trata de que te relajes y desarrolles la confianza de que puedes, por ejemplo, lograr recordar ese nombre que tienes en la punta de la lengua. Al confiar en que lo vas a recordar, dejas de hacer un esfuerzo y terminas acordándote del nombre. Pero esto sucede sólo cuando has dejado de ejercer presión sobre tu mente.

Habrá que tener cuidado con las frases que incluyen la palabra “no”, como cuando te dices: “no te pongas nervioso”, “no te quedes dormido” o, durante la meditación, “no pienses”.

La palabra “no” implica un desafío irresistible. Como la mente no registra esta palabra, dar instrucciones que comiencen con “no” es poco recomendable.

Por ejemplo, decirle a un adolescente “no dejes tus zapatos tirados en el piso de la sala”, es una invitación a que lo haga, pues el mensaje que su mente registra es: “deja tus zapatos tirados en el piso de la sala”. Una frase más efectiva es: “recoge tus zapatos y ponlos en su lugar”. Además, al utilizar la palabra “no”, con cualquier persona, no sólo con un adolescente, le lanzamos un desafío a actuar de esa forma.barca-473854_1280

Es igualmente contraproducente pensar: “no quiero ensuciar mi pantalón”, pues esto equivale a pensar: “quiero ensuciar mi pantalón”. Algunas personas, al terminar una relación, suelen decir: “no eres tú, soy yo”. En este caso el significado real es: “eres tú” y también “soy yo”. Quizás el que recibe el mensaje intuye el significado real y reacciona con enojo porque sabe que quien está terminando la relación no es honesto.

También ocurre que a veces niegas algunos aspectos de tu personalidad que, curiosamente, los demás sí perciben. Dices: “no soy terco”, “siempre soy muy tolerante” o “soy la viva imagen de la humildad”. Al hacerlo, quizás no consideras las ocasiones, con seguridad las habrá, en que sí eres terco, en que te portas intolerante y actúas con arrogancia. Cuando niegas uno de los polos (por ejemplo, tolerancia o intolerancia), el aspecto negado cobra más fuerza y se hace más evidente, sobre todo a los demás. Una vez más, cuanto más intentas esconder, negar o reprimir algo, con mayor fuerza emerge. Declara Emmet Fox: “todo esfuerzo se derrota a sí mismo”.

Quiero aclarar que tomar el camino de no forzarse a actuar, pensar o sentir de determinada manera, que es por cierto el menos transitado, no se trata de holgazanería, apatía o de la ley del menor esfuerzo. La idea es más bien abandonar la exigencia, dejar que las cosas sucedan, evitar la prisa, pues ésta crea tensión. Si haces las cosas de manera relajada y confías en el ritmo de la vida te aseguras de tener menos estrés y una mayor probabilidad de éxito en lo que te propongas.

La exigencia, coaccionar a los demás y a ti mismo, es el camino directo al sabotaje y autosabotaje. La inspiración, la persuasión convencen y estimulan. ¿Cuál de los dos caminos quieres tomar?♦

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