Es mejor cooperar con lo inevitable

“Acepta que sea así. La aceptación de lo que ha sucedido es el primer paso para superar las consecuencias de cualquier desgracia”:

William James

Muchas adversidades con que nos encontramos en la vida se pueden superar o solucionar. Para estas desgracias lo mejor es luchar para tratar de salir adelante. También nos enfrentamos a muchas otras que simplemente no hay forma de cambiar. En estas situaciones, lo mejor es actuar con cordura, no resistirse a la realidad.heartsickness-428103_1280

A lo largo de nuestras vidas nos enfrentamos a situaciones que simplemente son así, como la pérdida de un empleo, la muerte de un hijo, una enfermedad incurable, la pérdida de alguna extremidad. Ante éstas tenemos dos opciones: lamentarnos incesantemente y oponernos a esta realidad, con lo que nos provocamos un gran sufrimiento, o bien aceptar que las cosas no pueden ser de otro modo en este momento y contribuir a la situación con nuestra mejor cara.

Hay una oración muy conocida que utilizan los neuróticos y los alcohólicos anónimos que adoptaron de su autor el doctor Reinhold Niebuhr, un teólogo estadounidense. Es la oración de la serenidad, que apela a que ésta nos sea concedida para aceptar lo que no podemos cambiar, el valor para cambiar lo que sí podemos modificar y la sabiduría para reconocer la diferencia entre estas.

De eso se trata cooperar con lo inevitable. Aceptar las adversidades como un camino que nos lleva a la calma y al sosiego.

Estoy consciente de que ésta es una de esas cosas que se dicen fácilmente, pero que llevarlas a cabo ya no es tan sencillo. Conozco muy bien el dolor, el enojo y la desesperación que podemos llegar a sentir en esas situaciones. Sin embargo, una actitud de aceptación de lo sucedido, o de lo que nos toca vivir, puede constituir el primer paso hacia la superación de los efectos del infortunio.

En situaciones difíciles de afrontar nos preguntamos por qué nos toca precisamente a nosotros vivir lo desfavorable, lo doloroso, pero valdría la pena preguntarnos si saber el origen del infortunio contribuye a mejorar nuestra situación. En ocasiones, incluso si conociéramos las causas no nos sería de gran utilidad, pues no ayudaría a cambiar nuestra situación. Algo que me ha ayudado en momentos difíciles es enfocarme en pensar que la vida siempre sabe qué es lo más conveniente para mí.

En la adversidad también nos quejamos de que la vida no es justa, ¿quién dijo que lo era?

En realidad la vida es lo que nosotros decidamos que sea, por medio de nuestras acciones cotidianas. Día a día hacemos elecciones que contribuyen a nuestro bienestar o a nuestro desconsuelo.

Si bien es innegable que las circunstancias pueden traer desdicha a nuestras vidas, también es cierto que cómo nos sintamos dependerá de la forma en que las abordemos. Cuando nos asumimos como seres incapaces de soportar la desgracia que nos corresponde vivir, somos más vulnerables al sufrimiento. Una de las grandes enseñanzas de Buda es que “el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”.

El sufrimiento surge cuando nos resistimos al dolor.

Al oponernos a lo que es inevitable, nos desgastamos emocional, psicológica y físicamente. Cuando cooperamos con la situación, y la aceptamos, recuperamos la energía perdida, de modo que podemos utilizarla para crearnos una vida mucho más rica.

Es posible reconocer en la naturaleza esa cooperación con la adversidad, y hay mucho que aprender de ella: los árboles, las plantas y los animales resisten los embates de los elementos de la naturaleza y en muchas ocasiones logran salir adelante, en otras no. Sin embargo, hacen frente a estas desventuras con amabilidad y disposición.

Un árbol se deja mecer por los fuertes vientos, coopera al mantenerse flexible, al dejarse llevar, permite que sus hojas resistan al vendaval o se desprendan.

Una hormiga que trata de subir por el tronco de un árbol, se cae una y otra vez. ¿Acaso la hormiga se queja de que debe intentarlo una vez más y dice, en algún momento, ¡al diablo con esto!? No, simplemente continúa intentando alegremente su cometido, y continua con la vida que le toca vivir.

Cooperemos, pues, con lo inevitable y aceptemos estoicamente que hay cosas sobre las que no tenemos control alguno.♦green-315215_1280

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